31 jul. 2014

ME MUEVO A TUMBLR

Hola!
Los que queráis seguir leyendo, aquí tenéis la página donde voy a ir colgando textos nuevos:

http://yosiempreacaboprimeroperomal.tumblr.com/

Y también podéis seguir este proyecto en el que participo, revista literaria en formato papel con la convocatoria siempre abierta y gratuita. Más info en:

http://revistapangea.tumblr.com/


5 jul. 2014

Sandra

I
Especias en las tuberías de tu cuarto de baño
un tubo que gotea en el parqué del salón
cintas hechas con plástico verde
y celo.
Enebros, arañas y bichos de salón
humedad en el techo
tiempo para digerir todos los ingredientes
para transformarlos
en muebles de salón.

II
Marcas de roces de maletas
en tu cuarto
místico y sano
tercer piso
tanto que no soy capaz de verte
ni a través de la ventana
guardas:
un paquete de cien cajetillas de Malboro
en la balda de un cuartucho.

III
Cuando te quitas la ropa me doy la vuelta
y no sé si quieres dormir
o dormitar.

IV
Cuentas las gotas que hay en ti, Sandra
te obligas a escuchar mis canciones
mientras acaricias el humo que nace de tu cuerpo, Sandra.
No hay lugar para ti aquí ahora
pero te obligas a quedarte
y me obligas a repetir las mismas palabras.

Con tu silencio escribes una historia.
Me obligas a escuchar, Sandra, mientras trasnochas,
porque tú no duermes.
Solo esperas y te obligas a quedarte sin motivo.
Me obligas a escuchar
me enciendes y me apagas
nunca simple, nunca
me repites nunca
me castigas en verano
parados los dos solos
uno está tranquilo
estás tranquila.
Estás tranquila
en tu forcejeo
me repites,
me estancas cuando quieres conmigo
acariciar el goteo que nace de ti,
de tu pecho
de tu tripa o más abajo cuando te excitas
cuando me quitas el oscuro
tiempo, Sandra,
dame tiempo para escuchar
no, no quiero que me entiendas
no me quiero explicar
pero fuerzas la mañana para que dure todo un día
o todo un mes.
Dispones de mi tiempo como la araña que da vueltas.

3 abr. 2014

Yo siempre acabo primero pero mal

12.
Mira, yo te quería decir una cosa. ¿Qué? Pues que el otro día estaba pensando en la barrera entre lo que podemos concebir y lo que realmente sentimos y me imaginé un muro blanco y muy alto, tan alto que no podías ver el final del muro, y me acojoné un poco. 
Bueno mira, yo en ese sentido he tenido experiencias parecidas. Por ejemplo: el otro día estaba con unos amigos de parranda y me encontré una bolsa con unos cuantos cientos de euros, en plan unos cuantos, unos tres mil, imagínate. Entonces nos planteamos escapar de la ciudad con los miles de euros para vivir la gran aventura de nuestra vida pero lo que pasó es que un gran guardia civil, de los que guarda el orden civil de la gente, nos paró y le preocupó que un grupo de jóvenes anduviera o anduviese con tanto dinero por el centro de Madrid, pero en el fondo nos dejó pasar, nos cogimos de la mano, nos cogimos el primer cercanías que llegaba a Talavera -lo más lejos posible, vaya- y en ese pueblo nos quedamos. ¿Qué pasa? pues que compramos el mejor jamón serrano que puedes encontrar en los alrededores, un buen lomo ibérico y un poco de chorizo, y nos hicimos un fuerte en una casa abandonada. Ahora solo necesitamos comprar un poco de madera de encina para prender la leña -por favor, una ayudita, por favor- y ya está montada, con el calorcito y todo, y claro, esas buenas costillas ya tu sabes. En fin, ¿qué más quieres? Nada ¿qué más quieres? Nada...

Mira tío. ¿Tú sabes lo que significa un internado de muros altísimos y anchísimos de los que sabes que nunca, NUNCA, vas a poder escapar? Yo creo que no pero tú sabes que yo sí sé entonces me dejas hablar porque no te queda otra. Mira, te estoy hablando de un muro que no puedes escalar, de un muro que nunca podrás meterte en la sesera porque es algo que se convierte en tu cárcel tu presidio y tu meta, algo que nunca nunca nunca puedes llegar a escalar, una altura que miras desde abajo, unos ladrillos que trascienden el rojo. Intenta. Intenta escalar ladrillos con cemento descolorido a ver que pasa. La mano del caído. La mano del castizo arrodillado que nunca sabes, nunca piensas que te pueda sostener, pero te sostiene, él solo, el castizo arrodillado te mantiene y al mismo tiempo te da la tollina para que sepas que éste no es tu sitio, esta no es la forma y estas no son las maneras. Mira sólo te digo que dejes ya lo que estás haciendo porque estás haciendo el ridículo, estás haciendo el ridículo y eso pasó de moda hace ya tiempo, estás haciendo el ridículo y esto no sé cuando puede parar, cuenco puede parar, como el altillo de las maravillas y ya no las mil y una noches sino un puto sobrao que te recuerda, que juega con luces de navidad en tu subconsciente familiar, que roza sensaciones como queriendo para llegar a lo más hondo de tu armario hecho de pegatinas y abrigos viejos. Polvo y polillas y unas cuantas arañas que te recuerdan porque sí, a esa escalera sin pasamanos que subimos juntos sin soporte claro, intentando que nadie se caiga pero como somos familia qué más da, si se cae alguien y se parte las cervicales y yo no puedo escribir, y se parte las cervicales y yo no puedo escribir más allá, y se parte las cervicales y qué más da porque es familia y se ha caído por nuestra culpa, que se joda y reflexione no?, porque eso es lo que le ha tocado vivir y tú, desde luego tú no tienes nada que ver en toda esta parafernalia del poder, el porque-si, el paratexto y la reflexión familiar caduca. Déjalo como está y déjanos a nosotros que nosotros sabemos lo que nos hacemos, en serio, déjanos a nosotros y mientras tanto tú entreténte, entreténte no he visto palabra más bonita entreténte en calzoncillos cometiendo faltas de ortografía sin parar entreténte, y saca de los bolsillos una barra de pan que logre alimentar el hambre que es muy poca como un dado que se juega un mafioso de Cambridge. Uno de esos dados que tú nunca apostarías pero yo apostaría porque-sí, porque mi raza me lo permite, porque no solo es que me lo permita, sino que yo no necesito preguntar a mi señora, o a mi señor,: oiga, ¿usted me lo permite? porque el igual es igual que el menos y es igual que el mas, y la pasta de dientes primero y tu prima me gusta para follar y nada más, y hasta luego buenas noches nos damos un beso sin querer y casi sin poder articular palabra balbuceo un buenas noches sin querer y te doy un beso en la mejilla buenas noches a acostarse toca acostarse por favor y me pica la ceja derecha y me rasco mientras te doy las buenas noches sin querer buenas noches se acabó.

31 mar. 2014

Yo siempre acabo primero pero mal

16.
Vamos a ver si me puedo explicar de una vez porque creo que hasta ahora no me he sabido explicar demasiado bien: Hay un personaje que deambula por la ciudad donde vivo y ese es Lndrl Mndrl. Yo a veces me lo encuentro, a veces hago conferencias en su honor porque resulta que ha desaparecido y todos creen que no le van a volver a ver el pelo, y otras veces aparece y hace fotos, o habla con alguien de algo, o me lleva a su ciudad de origen, como aquella vez, que fue muy divertido. Fue sólo un fin de semana, se me hizo un poco corto, pero estuvo bastante bien. Cuando llegué a casa estuve reflexionando un rato y comprendí unas cuantas cosas, como por ejemplo: Lndrl es raro, ¿por qué es raro? porque viene de una ciudad rara. La pregunta que sigue de forma natural es: ¿por qué esa ciudad, de donde viene Lndrl, es tan rara? Y la respuesta a esta pregunta sólo la he atisbado desde lejos, no he llegado a atrapar la respuesta, no sé si porque es demasiado rápida y pequeña, como un muñeco o un insecto, o si la cosa es que está demasiado lejos y no la alcanzo. Desde luego está claro que la ciudad está bastante lejos y es difícil de alcanzar. Creo que cuando fui con Lndrl acabamos allí por un golpe de suerte y salimos de allí por otro. Una posibilidad entre cien mil llamo yo a los golpes de suerte, así que veo difícil que se vuelva a repetir. Por lo tanto los experimentos de campo están prohibidos. Solo queda elucubrar a partir de las observaciones anotadas y cuidadosamente descritas, pero no sé donde he dejado el cuaderno donde anoto todo, así que supongo que voy a tener que recordar sobre la marcha, veamos: Había polvo, edificios medio en ruinas y calles prácticamente inexistentes. Es decir, los habitantes reciben poca luz y quizás sea eso lo que les trastoque un poco la sesera, pero sin embargo había un grupito de tres chicas adolescentes que miraban a tres chicos adolescentes y éstos a su vez se hacían los gallitos y los machotes. Eso está muy bien y es muy normal. Hasta ahora la única pega que le pongo a la ciudad es que los nombres de sus habitantes sean tan difíciles de pronunciar. Pero bueno, supongo que con el tiempo este hecho se irá limando hasta que sus asperezas desaparezcan, como las astillas de la madera bien lijada por ejemplo, así que sigamos: no sé cómo se llamaban esos tres chicos, pero sí me acuerdo de una situación parecida en un recreo de instituto: una chica llamada Abad y un chico llamado Zubizarreta cuchichean en un pasillo. Ella le roza el codo a él. Están en horario de clase pero se demoran un poco porque tenían algo importante que tratar entre ellos, así que ella se para en medio del hall vacío y le roza el codo a él. La sangre de él se reparte entre la cabeza y su entrepierna, padece sobredosis de glóbulos rojos y no sabe cómo actuar así que se da la vuelta y finge que va a hacer un pis. Aquí la chica puede hacer dos cosas:

1. Se contonea como una paloma, ahuecando el ala, lanza un par de alaridos y le picotea el trasero al chico.

2. El chico se va a hacer pis y las flores que sostenía la chica se ablandan hasta  hacerse líquidas y desaparecer en un charco en el suelo, que posteriormente se filtrará entre las rendijas del embaldosado antes de que llegue el chico.

Y a decir verdad, me sale otra posibilidad, quizás la más jugosa:

3. El chico se averguenza un poco, la chica se aparta el pelo y se acerca, él levanta un poco la cabeza, la chica coge aire y... succiona. Pero el chico se ha olvidado de coger aire, sin embargo no puede interrumpir su primer beso con algo tan banal. En este caso puede ocurrir:
    1. Que el chico se ponga de color morado, la chica le salve con su aliento de chicle de fresa y a partir de entonces el aliento y los ademanes del chico sean de sabor a fresa. En cuyo caso la chica le abandonaría por razones obvias.
    2. Que el chico interrumpa el beso para coger aire y tenga la rapidez suficiente para seguir besando a la chica. En caso contrario la chica se ofendería tanto, y sería tal la verguenza del chico, que ambos no se volverían a besar, y lo que es más, el chico no podría besar a ninguna otra chica como castigo por tamaña indecencia.

25 mar. 2014

Pericles
me miró el corazón:
retrocedí dos pasos
y heredé su lengua.

Tremenda suerte
un pájaro verde que cruza
el polvo sale de mis botas.

Descapucho mi boli bic
y copio el dictado:

Rododendros femeninos
Pistones de amatista
Tela de chándal acartonada
Envoltorios cilíndricos en el parque
Tenedores con restos de espaguetis con tomate
Bigotes débiles manchados de sangre

Entona tus canciones en voz alta
o simple y llanamente

piérdete

en un traqueteo de autobús
en una música que escucha
una lengua con coleta por detrás

Pericles
me inyectó el corazón
de sangre infectada.

El proceso químico se está extinguiendo
para dar paso a la mecánica de Lagrange:
Ármate de un campo vectorial
calcula una subvariedad inmóvil
y usa la magia local
que impregna el espacio, ¡oh!, espacio:
universos mínimos en cabezas abultadas
señores de luto
una hiedra que recorre
la espinilla
entera
frágil
dura
aura de umbrales desconocidos
para universos unicelulares.


LUXACIÓN

23 mar. 2014

Frenopatía

1.
Tuvimos que pasar por la escuela a los veinticuatro como última oportunidad de trabajar en algo serio. Todos de la misma generación, y todos con excentricidades en alguna parte del cuerpo que nos identificaban directamente con el umbral amarillo: las orejas demasiado grandes o los ojos demasiado pequeños eran las más frecuentes. Yo era el único con una excentricidad en la mandíbula. Excentricidad mandibular aguda. Todos casados y con al menos tres hijos, es normal, los que tienen la suerte de pertenecer al umbral libre no tienen tanto tiempo como para ocuparse de niños. 
Recuerdo que nos enseñaban a dibujar jeroglíficos egipcios, porque por alguna extraña razón se había estipulado que los amarillos no éramos capaces de comprender unidades fonéticas independientes, es decir, letras; que nuestro cerebro no era capaz de abstraer tales conceptos. Así que nos explicaban los glifos mayas de forma fácil y divertida, sobre todo divertida. 
-Esto que parece un transistor con un conejito con las orejitas largas encima, ¿lo véis?, eso es kahalum.
La verdad es que nos lo pasábamos pipa. 
Recuerdo que una vez en clase, mientras el profesor pintaba en el encerado transistores con diales incorporados y señoritos muy graciosos por dentro, o tipos con cara de mala leche, mientras recitaba cosas como ahum, cox, kaihel señalándolos con la tiza, recuerdo, que mientras el profesor estaba de espaldas yo rebusqué en el bolsillo de mi abrigo un papel para poder tirar el chicle porque ya no sabía qué hacer con mis manos, no es que el chicle no supiera ya a menta. Pues rebuscando encontré la cuenta de la carnicería, y recordé que esa mañana había ido con mi mujer a comprar unos kilos de carne para alimentar a la familia durante toda la semana, no sé en qué momento se me ocurriría meter la factura en mi mochila de clase. De repente ese papel me recordó que estaba viviendo dos mundos antagónicos. Algo que no debía ocurrir. Nunca había mezclado los dos mundos, el mundo adulto de la familia y el estado infantil que nos obligaban a adoptar por las tardes, y cuando ese ticket de carnicería apareció, recuerdo que me sentí raro. Raro al desglosar mentalmente los días de la semana que planeamos mi mujer y yo comer pollo, los desayunos con filetes de hígado y el mínimo número de salchichas para que todos podamos comer salchichas al vino durante dos días. Entonces vino el acto terrorista inevitable. Encerré la masa chiclosa en el ticket y se lo tiré al compañero de enfrente, con tan mala suerte que el profesor se dio la vuelta justo en el momento del lanzamiento y vio una bola de papel ejecutando una perfecta parábola. El profesor se enfadó mucho y nos encerró durante dos horas ¡de aquí no sale nadie hasta que no de con el culpable!, pero nadie quiso chivarse de mí, en el fondo mi acto rebelde les hizo gracia a todos, comulgaron con él, así que el culpable no apareció nunca, a pesar de los esfuerzos del profesor. Cargado de virulenta furia llegó al extremo de llevar el ticket manchado de chicle a la carnicería, a sabiendas de que sus manos rozarían una execrable saliva enferma; pero el carnicero dijo que no podía identificar al cliente porque todos los amarillos compraban más o menos lo mismo. Sabe dios lo que hubiera pasado si me pillan. De la que me libré.

2.
El Gran avance de la genética y la neurología. Se estudiaron los efectos de ciertas mutaciones, generalmente producidas durante la etapa prenatal, que se expresan simultáneamente como síntomas físicos y psíquicos. Las mutaciones en la niñez y adolescencia son menos frecuentes desde la desaparición del enraizamiento del individuo en un núcleo familiar estable. Antes era fácilmente observable sin ayuda de mayor profundización, cómo las características faciales del niño se configuraban a medida que éste crecía generando un parecido oscilante entre madre y padre, hasta que la personalidad de uno de los dos se manifiestaba en los rasgos faciales, llegando incluso a determinar las pautas de comportamiento del individuo.

3.
Plancha. Plancha. Fss. Venga, el siguiente.
Tuvimos que instalar una plancha al lado del horno. Era lo más práctico: montaditos de lomo de cerdo para todos. Y si sobra dinero, con queso, que a los niños les encanta. Dwight siempre estruja su montadito con las manos antes de levárselo a la boca y se mancha de grasa toda la cara, Terrence se lo lleva a su habitación y come allí, porque no quiere que nos demos cuenta de su bragueta hinchada y mal disimulada, Lucille siempre acaba la primera y se limpia la grasa en el vestido, que ya tiene tan manchado que ni se nota. Yo cuando acabo me llevo a mi mujer a la habitación de arriba, y ellos se quedan jugando a la consola a la luz de las velas. 
Un día compramos velas artificiales y resultó que a los niños les encantó, nosotros nos reservamos una para el dormitorio. El juego es siempre el mismo: nos tomamos un par de pastillas que provocan excitación, nos metemos debajo de las sábanas y cada uno toca el sexo de su compañero hasta que uno de los dos acaba. Es como una carrera, cuanto antes acabes mejor. 

4.
No hay ningún resto de pretensión en mis ropas, gestos o andares. Me dejo llevar por la inercia de los pasos de mi mujer, agarrado de su mano, como dos sonámbulos en una tierra que es la suya, una tierra de dicha y gracia que no nos conceden y que no tenemos pretensión alguna de alcanzar. Encajamos perfectamente en nuestro papel y nos dejan sacudir nuestras miradas al sol mientras vamos de la mano, agarrados, dispuestos a cargar con la compra semanal. Compramos en un supermercado enorme, de techos altos y cajas de productos apilados. La carne ya viene cortada, envasada y congelada. La dejan en los palés por la mañana y si no puedes llegar a buena hora te encuentras con salchichas derretidas en un líquido pardo. Por eso preferimos ir por la mañana, cuando el sol todavía no calienta, con dignidad y un toque de felicidad en nuestros pasos, porque nos gusta comprar. El domingo por la mañana se transforma en una vorágine de tareas y recados que no me dejan pensar demasiado, y es que no necesito pensar.

5.
-Usted sabe por qué está aquí.
-Pero...
-Nada de peros, ¿sabe o no sabe por qué está aquí?
-Sí pero no tiene por qué...
-¡Basta! Mire, las medidas son claras, se le dio una oportunidad y no pudo aprovecharla, era lo esperable, así que deje de quejarse.
Mierda. Era lo esperable.  Bajo la cabeza y me echo a llorar, para poder seguir arañando ese pedacito de sueldo que nos confiere dignidad a mi y a mi mujer.
Repasa con su dedo delgado y fibroso, atributo que facilita mucho poder acceder a secretario, la pantalla:
-Está claro, tiene usted la mandíbula con un coeficiente de excentricidad que le sitúa en el umbral amarillo. Es decir, una oportunidad y ya, no estamos dispuestos a arriesgarnos por usted. Hay otros que quieren entrar, que quieren su puesto, y que tienen la mandíbula en su sitio, ¿sería injusto, no cree?
-Pero ha sido un incidente sin importancia, le podría pasar a cualquiera- me sueno los mocos- ¿no me diga que la gente sin riesgo no se le escapa de vez en cuando un mal gesto? Un mal día lo tiene cualquiera.
-Pero lo suyo no fue un simple mal gesto. Esta semana lleva un retraso constante de unos diez o quince minutos, y no solo eso, cuando llega entra usted muy raro, como desmadejado. Sabemos que la gente con una mandíbula como la suya suele padecer este tipo de trastornos, este tipo de caídas agudas. Todos tenemos caídas, pero no caídas agudas como las de usted, que duran una semana y afectan el ambiente que se respira en la oficina, ¿sabe? la calidad del aire es muy importante. Nos gusta que nuestros empleados entren a gusto a trabajar, que se sienten cómodos con sus compañeros, y si usted empieza a perturbar esta tranquilidad que se respira, mire, respire usted bien... Ah, ¿lo nota usted?
Asiento varias veces y me sorbo los restos de la llorina.
-¿Ve? Es un buen ambiente. Y como le decía, usted no es quien para perturbar este ambiente con su nerviosismo, sus gestos de pocos amigos, ¡no puede ir por ahí sin saludar, hombre!
-Le juro que ha sido una cosa totalmente puntual que podré controlar, es que esta semana me han pasado unas cosas...
-¡Basta! No me cuente sus historias, no quiero saberlas. Mire... me parece que está usted siendo sincero, y yo detecto bien las emociones -señala su frente insusualmente abultada encima de las cejas- entiendo que lo haya pasado usted mal. Si como dice es capaz de controlarse, estoy dispuesto a darle otra oportunidad.
-¡Muchas gracias!
-¡Pero! no se lo diga usted a nadie, y procure mejorar esa actitud.
-Mejorará, señor. Muchas gracias.
-Adios, adios. Y cierre usted la puerta al salir.
-Claro señor, muchas gracias.


11 mar. 2014

Pez Oriental

Aquí podéis leer o descargar Pez Oriental, novelita corta ambientada en Salamanca: